Con apenas ocho años,
Mateo demostró que la programación no tiene límite de edad. Compitiendo en un escenario mundial frente a estudiantes de todas partes, se llevó dos medallas de bronce en programación — un resultado extraordinario para alguien tan joven.
Detrás de ese logro está el equipo de
Algorithmics Chacao, que lo acompañó en cada paso del camino. Triunfos como este no ocurren por casualidad — nacen del encuentro entre la curiosidad y la lógica de un estudiante y el acompañamiento adecuado.
La historia de Mateo nos recuerda de qué se trata todo esto en realidad: no solo de enseñar a los niños a programar, sino de darles un escenario para mostrar lo que son capaces.